Marketing vírico irremediable










                                                 



Enlace a ::: Pulsión anisóptera ::: microrelato ilustrado :::
https://www.behance.net/gallery/30868403/Pulsion-anisoptera-de-Gluten-Freaks

Ethical Facts


Amy: Why!!! Tell me Why!!!

James: Just because I can baby. Just because I can.



inFATuation


James: You've got a beautiful soul.
Amy: But what about the rest?

James: I just told you you've got the nicest spirit
Amy: You don't fuck the spirit

James: You want me to fuck your soul?
Amy: Yeah turn me inside out baby

James: You're fat!
Amy: You pie** o* shit !!

James: Did I reach you?
Amy: Completely.



El efecto antabús






Miro y no reconozco la palma de estas manos. Mi rostro arrugado avanza y retrocede en el espejo. Aun conservo la esperanza de encontrame en algún punto. Sólo me veo en medio. No se quién es es. Paralizada mientras el mundo se acelera a mi alrededor. El máximo deseo de la infancia consumada es el acero penetrante. Son muy finas. Pasan las horas del día y la noche se aproxima. Las nubes de tu recuerdo invaden mi tempo hasta la tormenta de cada madrugada. Por la mañana recojo con vergüenza las balas del remordimiento de la cama. Lo que más me gusta en el mundo es lanzarme a la aventura y poner de nuevo esa canción. Una y otra vez, arrojarte todo mi rencor. Recorro con los ojos cerrados, dormida, las calles desafectadas de nuestro naufragio. Arriésgate conmigo. Sólo abrir tu corazón al desgarro te dará la tan ansiada libertad. La ermita de la pena. Y una grandísima mierda. Vosotros, los perdidos, los ladrones de mundos, los dadores de significados. Quiero estrujar vuestras cabezas, exprimir hasta la última gota, colgarlo fuera, dejarlo secar al sol, estirarlo todo 3 veces para que ocupe menos espacio y encerrarlo en un armario. Esto no da más de sí. Envejecí de golpe. Me volví todo lo que no quería ser. Renuncié a todos varias veces. Los vendí por un paquete de pipas. Pipas peladas. Los olvidé, los enterré. Ni los recuerdo ya. Ni siquiera me importa. No sé ni lo que significa tenerlos. Una babosa más, arrastrándose por la vida y llevándose sólo lo que por accidente se queda pegado a su piel. Un mal día, encontré una mota de polvo que me hizo dudar. Una mosca se posó en la punta de mi zapato y, mirándome a los ojos, me enseñó más que todos mis años de universidad. Estréllate y pierde las alas. Luego vuelves y me lo cuentas. Siempre te estaré esperando. Tenemos mucha ropa que planchar. Me di cuenta que siempre había querido ser costurera, que lo mío no eran los retales, ni tan siquiera los relatos, sino los remiendos, y entre remedios varios, todas las rarezas que rodean el rudo alboroto de la letra r, los roedores que abrazan los alagos de la a, de la amistad que añora tu asfixia y el ridículo recurso del abecedario, te digo, lo que venía a decirte, que no tengo cosquillas pero finjo muy bien, y no puedo parar de reir. 


 



Carlitos el niño árbol


Carlitos es un niño de 6 años tímido y regordete. Su tez es pálida y sus mejillas sonrosadas. Tiene unos rasgos dulces y tranquilos. De su cabeza, en un lugar de pelos, brotan las ramas de un árbol, un auténtico cedro del líbano. Su madera fuerte, de grandiosa estirpe y bello aroma, es la envidia de la familia. Su mama Mercedes no puede estar más orgullosa.

Madre: He parido al pináceo más maravilloso del mundo.

Sus hojas son de un intenso verde oscuro, y su corteza rugosa traza los surcos más bellos de la historia. Nadie se explica este fenómeno tan curioso pero todos lo viven con naturalidad.
Tanto Mercedes como su marido Manolo, tienen el pelo castaño, lacio y apagado de todos los Martinez Sanchez.

Padre: No sabemos cómo ha podido suceder.
Madre: No somos nada extravagantes. Somos una familia de lo más normal, en serio.

Carlitos tiene un problema. No tiene amigos. Pasa sus días en la soledad de su pisito de Cangas de Onís, esperando el día en que, por fin, pueda ir a la escuela.

Carlitos: ¡Los otros niños harán casitas entre mis ramas!

Hoy ese día ha llegado. Es su primer día del colegio. Carlitos está muy emocionado.

Carlitos: Por fin voy a conocer a otros niños.

Se le saltan algunas lágrimas de alegría. Pliega cuidadosamente los dibujos que ha hecho para regalarles a sus nuevos amigos y agarra su mochila con gran alborozo. Su madre le colma de besos y le deposita en la puerta de la escuela.

Madre: Mucha suerte Carlitos, espero que no te olvides de nosotros ahora que vas a estar rodeado de otros niños.
Padre: Recuerda que nadie te querrá nunca como tus padres. Dice Manolo intentando parecer fuerte.

Carlitos corre tan deprisa a abrir la puerta de la clase que nada más entrar tropieza y cae al suelo. Siente en su frente el dolor de haberse estrellado contra las frías baldosas. Una de sus ramas se astilla y le hace una herida en el pie. Aun así, preso por la emoción de esa nueva vida que comienza, se levanta rápidamente y mira ilusionado a sus compañeros, todos ya sentados cada uno en su pupitre. 15 niños con el pelo corto y la ralla al medio le contemplan en silencio.

Carlitos: ¡Hola amiguitos! - exclama todavía un poco mareado.

Uno de los niños se levanta y le señala con el dedo.

Niño: ¡Qué raro! ¡Le salen ramas de la cabeza! ¡Es un monstruo! -mientras se ríe sin parar.

Un coro de risas le sigue inmediatamente.

Niños: ¡Monstruo! ¡Pino de mierda!

Carlitos, confundido, busca algún rostro de consuelo, pero no lo encuentra y, en su desesperación, termina por tropezar de nuevo.

Carlitos: No soy un Pino, soy un Cedro del Líbano.

Niños: ¡Es un monstruo torpe!
Ríen y ríen sin parar soltando toda clase de barbaridades e improperios no aptos para público infantil.

Carlitos apoya sus manos en el suelo de mármol. Levanta la cabeza. Se coloca un zapato que se le había caído y se levanta. Contempla a sus compañeros. Avanza unos pasos hasta situarse en medio de ellos. Comienza a girar sobre sí mismo. Poco a poco va aumentando el ritmo. Gira y gira hasta alcanzar los 60 kilómetros por hora. Las ramas de su cabeza giran con él y arrastran y golpean a los niños. Algunos son lanzados fuera del aula, rompiendo los cristales a su paso. Otros atraviesan la puerta y acaban en alguna esquina del pasillo. Pasados 3 minutos, el único niño que queda de pie es Carlitos. Se detiene. Echa un vistazo a su alrededor y se va.

La desilusión cubre su rostro. Las ramas se curvan hacia la tierra. Sus hojas se desmoronan. La madera empieza a resquebrajarse. Llueven astillas. Se funden en el barro. Carlitos se queda calvo y llora desconsoladamente hasta las 5 de la tarde. Mercedes abre la puerta del coche.

Mama: ¡Hijo mio! ¿Qué les ha pasado a tus ramas?
Carlitos: Nada mama, que me hice grande.

FIN

Porqué siempre llego tarde




Hoy, a las 14:50, transitando por otro desierto, final de Agosto, mientras me retorcía de soliloquio entre las sábanas, ardiendo, por dentro y por fuera, con frío y calor al mismo tiempo, rascando hambre y sorbiendo la desazón de no saber cuándo podría saciarla...
Me desbordé. Me hice gigante. Me convertí en una sonrisa enorme ocupando toda la habitación. Me hinché cual globo y estiré de cada uno de los ángulos del antifaz que cubre mi boca. Tiré y tiré. Cada uno de los lados de mi sonrisa se expandió hacia un extremo, rompiendo las paredes. Las comisuras de mis labios aterrizaron en la mesa del comedor de los vecinos. Sus hijos saltaron abruptamente por los aires y se posaron como plumas en mi nuca. Mis órbitas, a punto de reventar, relampaguearon, cegando a los curiosos que se agolpaban entre mis hombros. No necesitamos verte para creer en ti. Una lágrima surcó mis mejillas y se estrelló contra el asfalto. Pronto se montaron cofradías de piragüismo, salto de cascadas e incluso un pequeño coro marítimo. Cuando creo que no puedo más, que me voy a estampar contra el cielo. Vienes tú. Cling. Un toque agudo, ácido y delicioso. Elegante y de aluminio. No has cambiado. Y me desinflo. Me descompongo en pedazos, caigo por todas partes. Miro el suelo a la cara. No hay ruido. No me estrello. Me fundo, me derrito. El pantano de mi soledad lleva tu nombre. Contemplo el firmamento desde el surco de tu pierna. Me ahogo pequeñita. Tan miniatura que me vuelvo el último rincón con brillo en tus zapatos. El lunar treinta y siente de tu espalda. El mechón de pelo que se te mete por los ojos. La gota de saliva en la primera arruga de tu mentón. Quepo dentro de mi ángulo favorito de tu mirada. Me escondo en el grado sesenta y dos de la curvatura de tu hombro derecho. Respiro en la primera montañita de tu oreja. Acaricio tus pestañas. Me peino en el huequito de tu nariz. Me oirás roncar en la raíz de tu último diente de leche. Vuelo. Desaparezco. Me disperso en el viento. Soy el susurro que cierra tus ojos. Enciende tu rostro. Y llena tu pecho. Niegas con la cabeza la afirmación que ya sabías. La balanceas. Salgo por tu nariz. Te ríes. Y sigues caminando.

Epílogo: Así, diminuta y enorme a la vez, fue como llegué tarde a tu encuentro. 03:30 de la madrugada del 28 más angosto. Me pregunto, si no tenía ya suficientes problemas con el tiempo, para empezar a tenerlos ahora también con el espacio. La próxima vez, me invento una excusa.

Smalltalk

- Give me emotion on a can and a small package of love with a light-feeling flavor please.
- Supersize it?
- No, I'm on an intensity diet.
- Would you like kids with that?
- Hmmm... I'm not sure, I shouldn't.
- It's only 18cents more and they are compromise free.
- How did you know I can't commit?
- It's just very common these days. They don't want us to panic, but it is spreading like wildfire.
- Who's they?
- Oh, you know. Them.

- No, I don't.
- You don't what? You don't like kids?

- I don't know who they are!
- Just tinny beings, tender and crispy.
- No!
- What do you mean no?

- Nothing related to kids! I just don't know who "they" are!
- Who's they?

- I don't know! You tell me!
- You asked about them!
- They whom you were talking about!

- Oh, them!
- Yes!
- They're just the people who say things. "They say that..." It's just them.
- I see...
- Are you dissapointed?
- I don't know how I am anymore.

- Some children to cheer you up sir?
- Yes, please, I beg you. I'll have the kids too.
- Would that be all for you sir?
- What the hell, I'll also try some of those harmless excitement cupcakes.
- To go?
- Yes, I'm hoping on dying soon. You don't want deatch to catch you on the street, do ya? Better to be safe at home!
- Thank you for eating with us. Come back in your next life!
- Sure!